El sol del mediodía se filtraba entre los grandes ventanales de la exclusiva boutique de la calle Andrómeda, una de las más lujosas y exclusivas de toda la ciudad. Las vitrinas relucían con maniquíes vestidos con piezas de diseñador, collares con incrustaciones de cristal y zapatos colocados como joyas en pedestales de mármol. El ambiente olía a perfume caro, cuero italiano y a esa mezcla seductora de seda, terciopelo y triunfo.
Maritza entró con paso seguro, como si el lugar le perteneciera. S