Era uno de esos días en los que el cielo parecía detenido, con nubes pesadas flotando sin prisa y una luz grisácea filtrándose apenas por los ventanales altos de la torre ejecutiva. Alan se encontraba sumido en su propio mundo, el sonido tenue del aire acondicionado era lo único que acompañaba el silencio profundo de su oficina. No había música, ni voces, ni siquiera el zumbido usual de actividad en los pisos cercanos. Solo la estática de sus pensamientos.
La oficina estaba tenuemente iluminada