El cielo matutino estaba cubierto por un manto de nubes plomizas, y el viento arrastraba las primeras hojas secas del otoño sobre la entrada de cristal de Corporativo Cisneros. A pesar del bullicio interno de la empresa, con asistentes corriendo por los pasillos y teléfonos sonando sin tregua, en el piso ejecutivo reinaba una calma estratégica. Esa calma tensa que precede a una jugada importante.
Marcos, Adrián y Nelly llegaron juntos, saludando apenas a quienes se cruzaban. Llevaban una misión