El silencio en el ascensor era tan denso que podía cortarse. La tenue música instrumental que salía de los altavoces apenas lograba disimular la tensión que vibraba entre ellos. Marcos, Nelly, Adrián y Maritza descendían en completo mutismo hacia el despacho privado de Alan, ese rincón de cristal que parecía suspendido entre el cielo y la ciudad, donde el menor de los Cisneros se refugiaba del mundo… y de sí mismo.
El zumbido suave del ascensor era lo único que llenaba el espacio, pero no logra