Los días pasaban lentamente en la mansión Cisneros, arrastrándose como si el tiempo mismo se negara a avanzar mientras la familia lidiaba con las consecuencias del accidente de Alan. En medio del trajín empresarial, de reuniones interminables y estrategias para mantener el control del imperio familiar, había momentos en los que el silencio decía más que cualquier palabra.
Las miradas entre Maritza y Alan eran cada vez más frecuentes, cargadas de una calma extraña, como si bajo toda esa rabia co