Los días pasaban con el peso de una guerra silenciosa. Maritza continuó trabajando en la empresa por decisión de Adrián quien se lo pidió personalmente. Ella sería la clave para descubrir los movimientos de aquellos que pretendían volverse ricos a costilla de la empresa Cisneros.
Pero nada era tranquilidad para Maritza y Alan. Ambos tenían una batalla hecha de miradas que cortaban como bisturís, de silencios cargados de reproches y pasos firmes que hacían temblar los pasillos de la empresa.
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