ESTHER
El aire dentro de la casa de Alaric se sentía pesado, cargado de una extraña familiaridad que me inquietaba. No era solo la decoración, ni la forma en que las sombras jugaban en las paredes con la luz tenue de los candelabros, sino algo más profundo, como si un eco de recuerdos olvidados intentara abrirse paso en mi mente.
No me gustaba. No me gustaba nada.
Las miradas fijas sobre mí tampoco ayudaban. Todos los presentes parecían analizar cada uno de mis movimientos, como si trataran de