IGOR
La casa estaba más ruidosa de lo normal. Bajé las escaleras con el ceño fruncido, sintiendo un ligero malestar por el bullicio que retumbaba en los pasillos.
Nunca me había importado demasiado lo que mi padre hacía con sus negocios, pero esta vez parecía diferente. Vi a Liana moviéndose de un lado a otro, organizando detalles como si se tratara de un evento de suma importancia.
—¿Qué demonios pasa aquí? —pregunté con fastidio, deteniéndome en la entrada de la sala.
Liana levantó la vista