ALARIC
La tensión en la habitación era palpable. Dámaso tamborileaba los dedos sobre la mesa con impaciencia, mientras que Dara cruzaba los brazos con el ceño fruncido. Mikhail, por su parte, se mantenía impasible, observando la puerta con frialdad. Yo respiré hondo antes de hablar.
—Cuando Charles llegue, quiero que mantengan la calma —dije, asegurándome de que mi tono fuera lo suficientemente firme para que lo tomaran en serio—. No es suficiente acabar con el líder de los cazadores. Si querem