La conmoción era palpable, como un manto que envolvía a todos los presentes. Selene estaba ahí, de pie frente a nosotros, pero parecía apenas una sombra de la mujer que recordaba.
Su cabello, antes brillante, estaba sucio y desordenado, y sus ropas desgarradas colgaban de su cuerpo como si fueran una burla de lo que alguna vez fue. Sus ojos, sin embargo, mantenían una fuerza inquietante, desafiando las miradas incrédulas que se clavaban en ella.
Alaric fue el primero en moverse. Su rabia fue u