ELENA
El viento frío de la mañana recorría mi piel, elevando el vello de mis brazos mientras la seda del vestido rozaba mis piernas con cada movimiento.
A pesar de no poder verlo, podía sentir el peso de la mirada de todos los presentes, la expectación que colgaba en el aire como una tormenta a punto de desatarse. Era mi boda, el día en el que finalmente uniría mi destino al de Dante.
—Estás hermosa, Elena, —murmuró Liana mientras ajustaba una de las flores que adornaban mi cabello.
Sonreí, u