ELENA
—Selene esta embarazada.
Esas fueron las palabras de Atenea, pude sentir la alegría de Alaric. Me aparté y fui directo a la habitación de mi hijo.
La habitación de Igor siempre tenía un calor especial, uno que contrastaba con el frío perpetuo del territorio que habitábamos.
Me senté en la alfombra cerca de la cama, con los pies descalzos y los dedos, jugueteando con los hilos sueltos del tejido. Aunque no podía verlo, podía sentirlo: el leve sonido de su risa, el ruido de los juguetes