—¿Cómo que Igor está desaparecido? —cuestioné furiosa. Mi hijo no parecía por la casa y por ningún lado del territorio.
—Lo siento tanto, Elena. No pudimos encontrar a Igor. —dijo con una mezcla de culpa y preocupación que pesaba en cada palabra.
—Eds un bebé Liana, no puede desaparecer de esa manera.
Antes de que pudiera responder, un grito lleno de alegría rompió el aire.
—¡Elena, mira! —exclamó Liana, aunque sabía que su impulso de señalarme algo era un acto reflejo.
—¿Qué sucede? —pregun