ALARIC
El rugido de la puerta al cerrarse tras de mí resonó en el estudio como un eco de mi propia furia. Avancé a grandes zancadas hasta el escritorio, sintiendo cómo la rabia hervía en cada fibra de mi cuerpo.
Golpeé la superficie con la palma de la mano, enviando un par de documentos al suelo, mientras detrás de mí Mikhail cerraba la puerta con más calma de la que yo podía reunir.
—Alaric, necesitas controlarte. —Su voz era firme, pero con ese tono que usaba cuando intentaba razonar conmig