ALARIC
Desde el momento en que mencioné que debían quedarse en nuestro territorio, vi la frustración dibujada en el rostro de Elena, ella no permanecía quieta, se movía de un lado a otro de manera desesperada.
Elena había cambiado tanto, ya no era la mujer indefensa, débil, pero seguía siendo inteligente y una mujer que demostraba sus sentimientos y yo aún podía leerlos. Algo le preocupaba, algo realmente importante.
Sus hombros estaban tensos, y aunque no podía ver sus ojos, su postura lo de