La luna apenas asomaba entre las nubes cuando llegamos a los límites del territorio de la manada Moon White.
Había algo en el aire que me hacía sentir incómodo, un peso invisible que presionaba mi pecho. Tal vez eran los recuerdos, o tal vez el cansancio de los pocos que quedábamos. Mi manada, una sombra de lo que una vez fue, estaba detrás de mí, agotada pero decidida. Habíamos perdido demasiado para no seguir adelante.
Los lobos que patrullaban nos observaron con atención, sus ojos blancos b