El sonido del viento entre los árboles era como un tamborileo constante, una sinfonía que acompañaba el entrenamiento. Sentía cada hoja que crujía bajo los pies de Dante, cada movimiento de su respiración mientras él se acercaba con cautela.
Mi ceguera, alguna vez una carga, ahora era mi ventaja. Con cada lección, había aprendido a usar mis otros sentidos, a percibir lo que mis ojos no podían mostrarme.
—Vas a tener que moverte más rápido si quieres atraparme, Dante —dije, esbozando una sonris