Una sensación intensa recorrió su cuerpo. Kevin poseía un aura seductora que envolvía a cualquier mujer que él deseara. Su porte atlético, moldeado por ejercicios arduos, siempre era realzado por el blazer slim fit que destacaba su apariencia imponente.
—Hemos llegado, señor —anunció el chofer.
—¡Salgan! —ordenó Kevin con su voz grave y autoritaria.
Justine estaba a punto de abrir la puerta cuando sintió la mano de él apretando firmemente su brazo.
—¡Vos te quedás! —Los ojos de él se entrecerra