Beatrice estaba en la sala de una prestigiosa mansión del siglo XV cerca de Milán. Caminó sobre el pulido piso de mármol y se detuvo frente a uno de los grandes ventanales, apartando las cortinas de terciopelo rojo para revelar una vista del patio interior. Caía una lluvia ligera que humedecía el jardín privado, cuyas flores y árboles ancestrales eran testigos silenciosos de generaciones de intriga y pasión. El sonido del agua golpeando las piedras resonaba por toda la mansión, añadiendo una ca