30. Traslado a una casa segura
30. Traslado a una casa segura
Elise estaba viendo los monitores y el pulso de Freyja tomando notas.
—Veo que te sientes mejor —dice Elise con una sonrisa suave mientras revisa por última vez los monitores—. Debo ir a una reunión y regreso a cuidarte.
Freyja ladea la cabeza sobre la almohada, evaluándola con esa mirada gris que no se le apaga ni siquiera herida.
—Bien —responde—. Pero si estás muy cansada, vete a mi casa.
Lleva la mano con cuidado hasta la mesilla y saca una llave metálica, discreta, sin adornos. La extiende hacia Elise.
—Tómala.
Elise la observa unos segundos antes de aceptarla, pero no se la guarda de inmediato.
—¿Qué tal si hago que te trasladen? —propone—. Así te cuido en casa. Es más, yo misma te llevo.
Su voz es tranquila, práctica, como si hablara de algo cotidiano.
Freyja frunce apenas el ceño.
—No estoy segura de salir de aquí aún.
Elise asiente, entendiendo. Da un paso atrás y cruza los brazos, pensativa.
—Entonces llamo a Boris —dice—. Él puede organizar el