29. Recupérate
29. Recupérate
Elise no se mueve de la silla hasta estar segura de que la respiración de Freyja es estable. La observa con atención, como si contar cada inhalación fuera una forma silenciosa de mantenerla anclada a este lado del mundo. La habitación está en penumbra, cerrada al exterior, protegida por capas de seguridad que ella misma revisó dos veces antes de sentarse allí.
Cuando Freyja finalmente se agita, Elise se inclina hacia delante de inmediato.
—Despacio —murmura—. No intentes incorporarte.
Freyja abre los ojos con esfuerzo. El gris intenso de su mirada tarda unos segundos en enfocarse, pero cuando lo hace, se fija directamente en Elise. Siempre lo hace. Incluso herida, incluso débil, su atención es precisa.
—¿Cuánto tiempo…? —su voz sale ronca.
—Lo suficiente —responde Elise—. Para que yo no intente hacer alguna estupidez.
Toma el vaso de agua de la mesa auxiliar y prepara la dosis: vitaminas, antibióticos, el antipirético exacto para evitar que la fiebre haga lo suyo durant