Devon
La voz de Sarah al otro lado del teléfono era un calmante natural para mí, aunque su tono habitualmente alegre estaba un poco apagado.
—La reunión con los inversionistas chinos estuvo del asco —anunció, y supe que ese era el motivo de su desánimo.
—¿Estás segura de que no has dicho algún insulto en chino? —bromeé.
—Mi chino mandarín es perfecto —presumió—, eso se lo debo a mi querido exesposo Xavier Xanders —sentí como pronunciar ese nombre le resultaba difícil.
—Hablando de Xanders... —h