El hombre que enterré

El jugo de naranja sabe más ácido cuando no has dormido.

Apoyo el vaso sobre la encimera y cierro los ojos un segundo, intentando recordar cómo era despertar descansada. Los trillizos tuvieron una noche imposible: fiebre leve, llanto intermitente, uno que despertaba al otro, y luego los tres como si se pusieran de acuerdo para no dejarme respirar.

Devon insistió en quedarse con ellos en la habitación.

—Ve a dormir con Zacary —me dijo anoche, acariciándome el rostro con esa paciencia que todavía
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