Contesto.
—Dime que no vas a intentar convencerme otra vez —dice sin siquiera saludar.
Me recuesto en la silla y miro el techo.
—Buenas tardes para ti también.
—Cristhian.
Su tono mezcla firmeza y algo que conozco bien: cansancio.
—Podrías ir tú —respondo—. Eres perfectamente capaz de manejar esa reunión.
Del otro lado hay un suspiro breve.
—Soy vicepresidenta, no directora ejecutiva.
—Porque tú decidiste que fuera así.
—Porque tengo tres bebés —corrige—. tengo que quedarme en casa más tiempo.