La fotocopia había desaparecido.
Clara lo comprobó tres veces antes de aceptarlo. El libro más grueso del estante alto, entre las páginas doscientas doce y doscientas trece. Vacío. Sacó todos los libros, los abrió uno a uno, buscó detrás del mueble, debajo del colchón, dentro de los cajones del tocador.
Nada.
Alguien había sabido exactamente dónde buscar.
La imagen guardada en su correo seguía intacta. La fotografía en su teléfono también. Pero el papel físico ya no estaba, y eso significaba