La nota seguía sobre la cama cuando bajaron juntos a desayunar.
No busques a Isabela.
Leonardo la había guardado en una bolsa pequeña sin que Clara tuviera que pedírselo. Ese gesto no borraba la amenaza, pero la hacía ligeramente menos solitaria. Clara lo notó en silencio, con esa desconfianza que todavía no sabía cómo relajar. En esa casa, incluso los gestos útiles podían esconder una forma de control.
Elena sirvió el café y se retiró con la prudencia habitual. Durante los primeros minutos, nin