El domingo no la obligó a bajar; la convenció despacio.
No fue una decisión dramática ni una rendición. Fue que la habitación azul había cumplido su función durante un día y medio, que el café de la cafetera eléctrica ya no era suficiente para el tipo de mañana que estaba teniendo, y que había un punto en el que la distancia deliberada se convertía en posición defensiva. Clara no quería que su habitación se volviera un búnker.
Leonardo estaba en la cocina, con el periódico del fin de semana y e