Empieza por el cuarto que le prepararon.
La frase seguía en la cabeza de Clara cuando recorrió el ala este a la mañana siguiente. La mansión tenía cinco dormitorios en ese corredor. Cuatro con nombre visible en los marcos. El quinto, al fondo, no tenía placa. Tenía una cerradura diferente: más antigua, más pesada, del tipo que no se cambia porque lleva tanto tiempo allí que nadie recuerda ya para qué sirve.
La puerta no estaba cerrada con llave.
Clara la empujó despacio.
El cuarto de Isabela