—Puedo ayudarte a reconstruir tu vida, si quieres esa ayuda —dijo Leonardo, de pie frente a Isabela en el jardín de la mansión, con la chaqueta puesta a pesar del calor de la tarde, como si necesitara esa capa extra para sostener la conversación—. Económicamente, socialmente, con contactos o con tiempo para reorganizarte. Pero necesito que entiendas, con toda claridad, que ofrecerte ayuda no significa que vaya a volver contigo.
Isabela lo miró desde el banco de piedra donde estaba sentada, con