—Ayer fue peligroso —dijo Clara, apenas Leonardo cruzó la puerta, sin darle tiempo siquiera a dejar el abrigo—. Necesito que hablemos de eso antes de que sigamos.
Él se detuvo a mitad del gesto, con una manga todavía puesta, leyendo en la tensión de la voz de Clara que no se trataba de un reproche cualquiera.
—¿Peligroso cómo? No pasó nada.
—Ese es exactamente el problema. Que no pasó nada, y aun así fue lo más cerca que estuve en meses de olvidar por qué me fui.
Leonardo terminó de quitarse el