Clara llegó a la clínica diez minutos antes de la hora indicada.
No porque quisiera estar allí más tiempo del necesario, sino porque llegar tarde a algo que involucraba a su cuerpo le parecía una forma absurda de perder el poco control que todavía sentía propio. La sala de espera era pequeña, con paredes color crema y una televisión sin sonido donde pasaban recetas saludables que nadie miraba. Había una mujer mayor leyendo una revista, una pareja joven sentada muy cerca en la esquina y una adole