Celos

Mientras tanto, Máximo, incapaz de soportar los celos, decidió regresar a la casa.

Ariadna sirvió la champaña. Antonio, algo mareado, estaba sentado en el borde de la cama. Ella lo ayudó a quitarse los zapatos y desabrochó lentamente su camisa. El contacto provocó una respuesta inmediata en él.

—Quieto —susurró Ariadna con voz seductora—. A mí me gusta jugar... Te mostraré lo que tengo preparado para ti.

Se puso frente a él y dejó caer el vestido con lentitud, revelando un provocativo corset de
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