DAMIÁN
Manejé de regreso a El Silencio con la vista borrosa. No me importó pasarme los altos ni los cláxones de los demás coches. Sentía el volante resbaloso por la sangre de mis nudillos, pero el dolor físico no era nada comparado con el hoyo negro que traía en el pecho.
Mi abogado te va a buscar. Sus gritos me retumbaban en la cabeza.
Llegué a la casa y frené de golpe, me bajé dejando la puerta abierta y el motor encendido. Entré a la mansión arrastrando los pies.
Matilde salió de la cocina a