ISABELLA
El silencio en la mansión ya no era ese vacío que me recibió hace casi dos décadas. Ahora era un silencio habitado, lleno de recuerdos de risas, de discusiones adolescentes y del rastro de cuatro hijos que finalmente habían emprendido sus propios vuelos. Alexander estaba en Londres terminando su maestría, Victoria seguía rompiendo corazones en París, e Ian e Isabella acababan de instalarse en sus dormitorios universitarios. La casa se sentía inmensa, pero por primera vez, no me asustab