DAMIÁN
Llegué a Alpha Enterprise con un humor de perros.
Dormir en el sillón de mi despacho en la mansión había sido una tortura para mi espalda y mi paciencia. Isabella me había corrido de mi propio cuarto con una frialdad y una seguridad que me dejaron descolocado. Y lo peor de todo es que, por primera vez en años, me sentí vivo, verla anoche sin dejarse intimidar por Vanessa, marcando su territorio con esa elegancia, me había dejado completamente fascinado.
Pero la fascinación me duró muy po