ISABELLA
Me tomé mi tiempo para arreglarme, si iba a bajar a ponerle frente a la víbora, mi armadura tenía que ser perfecta.
Elegí un vestido rojo oscuro, muy ajustado, de esos que te obligan a caminar con la espalda recta y la cabeza en alto. Me solté el pelo, me pinté los labios de un tono vino y me puse los tacones más altos que encontré en el fondo del clóset.
Nada de llorar en los rincones y nada de empacar maletas a escondidas.
Bajé las escaleras escuchando el murmullo de voces en el come