DAMIÁN
Me quedé solo en la oficina, respirando por la boca como si acabara de correr un maratón.
Las imágenes de esas fotos se me quedaron grabadas a fuego en el cerebro, Isabella abrazando a otro hombre, Isabella sonriéndole a otro hombre.
Yo estaba aquí, aguantando a una arpía que amenazaba con hundir el trabajo de toda mi vida, durmiendo en un maldito sillón, tragándome mis propios sentimientos e ignorándola en la mesa para que Vanessa no la hiciera pedazos. ¿Y ella qué hacía? Corría a los b