DAMIÁN
Manejé como un loco por toda la ciudad, esquivando coches, metiéndome en carriles que no me correspondían y saltándome dos semáforos en rojo hasta llegar a la calle empedrada donde estaba la galería de arte. Me estacioné en doble fila de un frenazo, ignorando por completo los cláxones de los carros que pasaban a mi lado y los gritos de la gente.
Estaba listo para bajarme, empujar la puerta de ese lugar y sacar a mi esposa de ahí a la fuerza. Mi sangre hervía de celo