DAMIÁN
Me quedé completamente paralizado en el centro del vestíbulo, mirando la escalera vacía por donde Isabella acababa de desaparecer.
Me das asco.
Esas tres malditas palabras me golpearon el pecho más fuerte que cualquier insulto que me hubieran dicho en toda mi vida. No fue un reclamo de enojo, no fueron celos por Vanessa ni los berrinches de una pelea normal de pareja. Fue asco puro, me miró como si yo fuera la peor basura del planeta, la cosa más repugnante que hubiera pisado la tierra.