La carretera serpenteaba entre colinas tapizadas de un verde intenso, alejándose del perfil de acero y cristal de la ciudad que había sido su campo de batalla.
En el interior del coche, el silencio no era tenso ni cargado de secretos; era un silencio cómodo, puntuado solo por el ronroneo del motor y el viento que se colaba por la ventana entreabierta.
Sebastián conducía, ya no había un chófer separándolos del mundo, ni a Marcus vigilando desde el asiento del copiloto, aunque el equipo de segu