La sede de la Fundación Cavalli, un edificio de arquitectura neoclásica restaurado para albergar tecnología de punta, bullía con una energía nueva, ya no era solo una fachada para la beneficencia corporativa o un lavado de imagen para el apellido de la familia; bajo la nueva dirección, se estaba convirtiendo en el latido del cambio social que Sebastián y Clara habían prometido.
Clara entró en su oficina, un espacio amplio y luminoso que Sebastián había diseñado específicamente para ella, no ha