La celda de visitas de la prisión de alta seguridad era un cubo de hormigón y cristal reforzado que parecía diseñado para desnudar el alma de cualquiera que entrara, Lucía Cavalli estaba sentada al otro lado, manteniendo una postura tan rígida que parecía tallada en piedra, a pesar del uniforme carcelario, su mirada conservaba esa arrogancia aristocrática que había aterrorizado a la junta directiva durante años, sin embargo, algo había cambiado, sus aliados se habían desvanecido.
Esa mañana, e