El vestidor principal de la mansión Cavalli se sentía como una celda de cristal, Clara contemplaba el vestido de seda color esmeralda que yacía sobre la cama, una pieza de alta costura que Isabella habría lucido con la naturalidad de una reina, para Clara, sin embargo, aquella tela pesaba más que el hierro.
Esa noche no solo debía ser la esposa de Sebastián; debía encarnar a Isabella Miller ante los ojos de la alta sociedad, un grupo de lobos vestidos de seda que conocían a la verdadera Isabel