—Te lo advertí, sobrino... en este negocio las esposas de alquiler se devuelven con intereses, y como acabas de transferir todos los activos a su nombre, su muerte me convierte en el único heredero legal de la naviera a partir de este segundo.
El frío metal del cañón se hundió con saña en mi sien derecha.
La sustancia de la jeringa corría por mi cuello como lava helada, entumeciendo mis extremidades a una velocidad aterradora.
Intenté mover los dedos de las manos, pero mis músculos no respondía