Mis piernas no me obedecían. Estaba atrapada entre la cama de seda y la imponente realidad de este hombre que no debería ser capaz de notar un detalle tan minúsculo.—Señor Graves… yo… ya me lo puse —logré articular, con la voz quebrada.—Mentira —sentenció él, acortando la distancia entre nosotros—. Charlotte era meticulosa. Se bañaba en esa esencia hasta que cada poro de su piel gritaba su nombre. Tú, en cambio, hueles a miedo. Y el miedo apesta, Sloane.Se detuvo a centímetros de mí. Su calor corporal me golpeó como una ola. A pesar de la venda negra que ocultaba sus ojos, sentí que me estaba escaneando, que podía ver cada uno de mis poros, cada una de mis debilidades.Él extendió su mano. Antes de que pudiera reaccionar, atrapó mi muñeca izquierda.Su agarre no fue brusco, pero fue inamovible. Sus dedos eran largos, calientes y poderosos. Me arrastró hacia él con un tirón firme, obligándome a quedar a milímetros de su pecho.Podía escuchar su corazón. Era rítmico, lento, aterrador
Leer más