Narrado por Emma
El silencio que siguió a mis palabras en la habitación principal de Val-de-Lune fue tan asfixiante que podía escuchar el tictac lejano de un reloj en el pasillo, marcando los segundos como si fueran las campanadas de un juicio final. Noah no se movió. Se quedó allí, apoyado contra el cabezal de la cama, con el torso desnudo bajo la luz plateada de la luna toscana, mirándome con esos ojos negros que parecían capaces de perforar mi armadura y leer las verdades más oscuras de mi a