Narrado por Noah
El amanecer en Val-de-Lune siempre traía consigo el aroma del rocío sobre las hojas de vid y la promesa de la tierra, pero esta mañana el aire de la Toscana se sentía denso, impregnado de una estática invisible que me ponía los pelos de punta. Dejé a Emma durmiendo en nuestra cama, con el rostro parcialmente oculto por las sábanas grises y los rastros de la angustia de la noche aún marcados en las comisuras de sus ojos. Sus palabras sobre su abuela y el bendito contrato de mis