Narrado por Emma
La fiebre de Noah finalmente cedió cuando las primeras luces del alba, grises y pesadas, comenzaron a filtrarse por el ventanal del baño. Con un esfuerzo que me dejó los brazos temblando y el alma vacía, logré sacarlo de la bañera, secar su cuerpo y arrastrarlo de vuelta a la inmensidad de su cama. Se quedó profundamente dormido, sumido en un letargo espeso provocado por el agotamiento físico, la borrachera y el descenso brusco de la temperatura. Su rostro, despojado de la tens