JACKELINE
Salíamos del centro comercial de la mano. Alessandro no podía ocultar su felicidad desde que el doctor le confirmó que serían mellizos.
Yo también estaba radiante; verlo así, sonriente, hablándome de cunas y pañales, me llenaba el alma.
—Amor, mira esa cunita —dije señalando el escaparate—. Es grande, como la de Dalia. Me gustaría que durmieran juntos, igual que los trillizos.
—Me parece excelente, amor —respondió con su tono calmo, ese que siempre me derretía.
Decidimos tomarnos un c