Una princesa capaz de detener a un lobo.
ENZO
El aire aún me ardía en los pulmones cuando crucé la puerta de la oficina. Gael me observó con los ojos afilados, como un halcón que quiere saltar encima de ti. Raid, en cambio, solo inclinó la cabeza, esperando órdenes.
No miré a ninguno.
“Sangre guardada, sangre reclamada,
la promesa despierta,
y no hay hombre que pueda negarla.”
Las palabras de Adriano seguían retumbando en mi cabeza. No eran simples versos. Eran una maldita cadena. Y yo lo sabía.
Caminé hacia la calle con calma, aun